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miércoles, 15 de enero de 2014

Vicentín

Os presento uno de los capítulos de la triste historia de Vicentín (algunos ya lo conocéis).

Vicentín era un niño feróstico que se ponía imposible en cuanto le llevaban la contraria. Vicentín tenía una madre añosa y consentidora a la que hacían mucha gracia las travesuras de su niño.
-Señora; el niño le ha metido una perdigonada en el trasero al hijo del portero.
-Hijo; no tires con la carabina dentro de casa, no le vayas a dar a alguien importante.
Y la criatura se asomaba al balcón y disparaba a los gorriones que hacían sus nidos sobre las frondosas acacias del paseo. Los cadáveres ensangrentados de las pequeñas aves caían sobre los transeúntes, que no alcanzaban a ver al furtivo y aligeraban el paso para evitar ser heridos por alguna bala perdida.
Vicentín apenas estudiaba pero era experto en varios deportes: cazaba moscas con habilidad de entomólogo y gozaba arrancándoles las alas. Convertía en flechas las varillas de los paraguas viejos y con ellas practicaba el tiro con arco. Tenía el record de salto de tapias debido a la longitud y a la conformidad batracia de sus piernas, abiertas en paréntesis y llenas de mataduras y postillas en los más diversos estados de maduración. Era experto también en acuñar monedas colocando éstas al paso del expreso de Irún y en fabricar supositorios con escamas de jabón lagarto y metérselos por el culo a su primo Ramonchu de Rentería, dos años menor y con afición a disfrazarse con la ropa de su hermana.
Vicentín no estaba gordo; era gordo (como otros son estrábicos, o americanos, o retrasados). Vicentín, como iba diciendo; era gordo, circunstancia que llenaba de orgullo a Dña. Gracita, su mamá, que lo criaba a base de mantecadas de Astorga y tajadas de lomo en manteca.
Vicentín en la mesa mostraba unas habilidades que dejaban pasmada a la concurrencia: era capaz de introducirse en la boca una pila de catorce galletas María, sorber entero un flan de media docena de huevos y dejar de la sopa de letras la cantidad exacta de ellas para escribir en el fondo del plato “Vicentín es la hostia”.
La mamá de Vicentín solía preparar el “rin-rán” un plato típico de Murcia que se hace con tomate, pimiento, cebolla y pepino aliñados con aceite, vinagre y sal. Vicentín entonces se lanzaba a cantar esta copla para escandalizar a las señoras invitadas:
"A las mozas de este pueblo
las gusta mucho el rin-rán:
ellas ponen el tomate
y el pepino se lo dan".
Vicentín solía viajar en los topes del tranvía y se rompió la crisma un domingo de cuaresma en el que, en lugar de asistir a misa, se gastó peseta y media de su paga en la matiné del cine Rex, donde echaban Gilda.
Vicentín fue de cabeza al infierno, como es natural, pero allí, acostado en su ataúd forrado de seda y con sus manos cubiertas con el escapulario de la Virgen del Carmen parecía un ángel. ¡Hay que ver qué cosa tan rara!

martes, 2 de julio de 2013

La Sisina

Terminé de montar la maqueta del tren cuando la noche comenzó a apropiarse de las esquinas más hondas de la habitación. Las vías hacían un recorrido sinuoso entre pequeños montes pelados coronados por nieve artificial. En las laderas aparecían esparcidas aquí y allá casas de labranza con tejados de pizarra a dos aguas que se asomaban  a praderas del verde intenso de las mesas de billar. Allí pastaban rebaños de vacas de raza Betizu con sus largos cuernos en forma de lira.

El reloj de la estación se hallaba detenido a las cinco y diez, y en la puerta de la cantina había un perro desproporcionado colocado allí por mi nieto Rubén quien lo había rescatado del interior de un huevo Kinder. El cartel colocado a la entrada de la estación rezaba: “La Sisina” y al final del andén un arco de medio punto se  abría a un túnel oscuro que se adentraba en la cadena montañosa. La locomotora de vapor Manresa y Guardiola con sus cromados brillantes y la casilla del maquinista pintada de rojo, esperaba dispuesta la señal de salida del Jefe de Estación.

     Apagué la lámpara y con la luz escasa que entraba por las ventanas, comprobé que el paisaje que habitaba el tren adquiría un clima más íntimo. Más real en su miniatura, parecía desprender una especie de aliento y vida oculta.

    Esa noche soñé que llegaba a “La Sisina” y que descendía del vagón entre el vocerío de los maleteros y de las mujeres que vendían cuartillos de leche y mantecadas. Entré en el pueblo y me encaminé a la fonda que me había recomendado el maletero alabando su limpieza y su ubicación en la plaza mayor, ésta con una fuente de siete caños que llenaba los cántaros de las mujeres y apagaba la sed de las caballerías.

    Me pusieron de almuerzo una carne que parecía haber muerto de muerte natural por lo dura y correosa y,  tras un aguardiente casero que consiguió disolver en parte la contundencia del guiso, me dispuse a recorrer el pueblo de caserío más bien escaso, pero rico en huertas atravesadas por una acequia rumorosa en cuya linde avanzaban en fila india los frutales cargados de membrillos y melocotones que habían recogido el calor del verano que tocaba a su fin.

En un recodo del camino apareció un  prado con un solitario nogal. Tendí la chaqueta sobre la hierba y dormí largo rato. Me despertó con violencia el reloj digital  desgranando las noticias sobre  el caso Gurtel y permanecí quieto, con los ojos cerrados, deseando que el sueño fuera este despertar y mi vida real siguiera suspendida bajo el nogal de La Sisina.

Me incorporé, y mis ojos por fin abiertos se posaron sobre la almohada en la que reposaba una nuez perfecta, dorada… como un regalo de los dioses.

Nené Ortiz

jueves, 20 de junio de 2013

Brindis en sombra

Eduardo Recife
Brindemos por la fila mas honda de los cines. Donde el amor costaba tres pesetas. Fila de mancos, espectadores ciegos, sesiones dobles en tardes de domingo.

Por el tazón de loza, por los platos con el reborde azul y el tintineo del almirez majando aliños verdes como la esperanza.

Brindemos por las torres donde hacían sus nidos las cigüeñas regresando en San Blas, como las chiribitas y el diente de león.

Por el frescor que brotaba de los portales húmedos en mediodías sofocantes de Agosto.

Calles vacías y ecos de diario hablado.

Nené Ortiz

martes, 11 de junio de 2013

Epitafio del planeta Tierra

Grito el nombre de esa que todavía soy y el sonido brota entre los escombros del piso superior, avanza por las calles desiertas, trepa por las ruinas del Paseo del Prado y se alarga al chocar contra el bronce de Velazquez que mira impasible desde sus ojos vacuos. Se pierde al fin entre las rejas del jardín botánico habitado únicamente por el inmenso ciprés que se yergue en este cementerio global como último testigo de vida.

Permanezco en lo único que ha sobrevivido de nuestra casa,  rodeada de todos los objetos que amamos: tu sillón de orejas desvencijado, la colección de piedras, la cama que fue cómplice de gritos y susurros, el viejo exprimidor de naranjas que sudaban sangre, la máquina Singer de la tatarabuela Carmen (que aún funciona),  las fotos sepia de las vidas que fuimos y que fueron…

He bajado a este sótano/cámara mortuoria lo que quiero que perdure en el tiempo, lo que quizá pueda disculparnos ante otros mundos por la destrucción definitiva del nuestro. Contar a los que vengan que hubo amor antes, durante, y después del desastre, aunque quizá no fue bastante.

Los libros me rodean como las alas de un ángel laico protector y todas las historias contenidas me hablan desde los estantes como un coro que me acompañará en la despedida. Voces que me hicieron más feliz y mejor.

Estoy reclinada en la tumbona de rayas amarillas que acunó mis días de sal y mar y he abierto la sombrilla para tapar un sol que ya no existe. Me he vestido con la vieja bata de flores desvaídas y he guardado en el bolsillo una nota con el último verso de Machado que superó el dolor del destierro y la muerte: “Estos días azules y este sol de la infancia”.

Soy la última en marcharme y lo hago viendo las viejas películas:  Amelie hundiendo la mano en un saco de legumbres, haciendo rebotar las piedras en el agua y observando las cosas que nadie ve. En “La reina de Africa” Charlie abraza a Rose y Salvatore contempla emocionado en la oscuridad del cine los besos censurados de “Cinema Paradiso”. Los judíos entregan a Schindler el anillo forjado para él con una inscripción en hebreo, proveniente del Talmúd: "Aquel que salva una vida, salva al mundo entero".

Esta es mi idea de la expresión del amor en esta tierra, del amor que no fue suficiente pero fue.

Trago la cápsula y con el último aliento musito los versos de Huidobro:

“Abrid esta tumba:
al fondo se ve el mar”

Nené Ortiz

sábado, 8 de junio de 2013

BANDERA DE AUSENCIAS



En el patio no cantan las criadas, ya nadie canta en el trajín del día.

De la cuerda gastada pende un pantalón sin piernas. Lleva tendido ahí enfrente desde que nos mudamos a ésta casa, hace ya once años. La inclemente luz de Cádiz ha ido devorando su primer color y del azul apenas quedan restos desvaídos. Esa bandera de ausencias empaña de melancolía mi primera taza de café cuando me asomo al día que comienza.

Los días de levante, el pantalón sin cuerpo cobra vida y baila la danza del desasosiego retorciéndose en torno a la cuerda del tendedero.

Hoy decido no verlo. Huyo de la ventana porque temo que la soledad del pantalón sea sólo el reflejo de la que parece instalada tras los cristales sucios, donde quizá haya un hombre tendido sobre la cama, en calzoncillos, y con una mosca triste posada en los labios.

Nené Ortiz

miércoles, 5 de junio de 2013

PERSONAJES DE PLAYA: En domingo




Los domingos la playa cambia de aspecto: aparecen familias dispuestas a pasar el día pertrechadas de sombrillas, sillas, mesas plegables, flotadores, neveras con refrescos y fiambreras repletas de tortilla y filetes empanados.
Los más pequeños se bañan en las pozas que dejó la marea y los mayorcitos, son vigilados por sus atentas y cantarinas mamás:
-¡¡¡Chariiiii: como te metas en lo jondo te arranco la cabezaaaaa!!!
-¡¡¡Semanuéeee: como le jagas ajogadillas a la Chari me ví a cagar en tus muelas!!!
La abuela, bajo la sombrilla, tiene los pies a remojo en una barquita de plástico con forma de delfín.
Comen, duermen la siesta y al atardecer echan una partida de cartas.Ya con el sol tocando el mar observo como recogen sus cosas y se alejan con los niños en brazos, llenos de sol y sal, agotados.
A una le gustaría a veces formar parte de estas familias, donde todos son felices sin saberlo.

Nené Ortiz

PERSONAJES DE PLAYA: Una pintada




En el alto muro que separa la playa del paseo hay una pintada enorme que dice: ¡¡MENTIROSO!!

PERSONAJES DE PLAYA: Joven cruda


Al comenzar el día y con la playa casi desierta, una mujer joven hace tai-chi con mucha concentración y estilo. Cuando acaba el ejercicio, se sienta a leer libros de autoayuda en la zona de sombra que proyectan los edificios del paseo marítimo. Tiene ese aspecto espiritoso de las personas que comen sobre todo cosas verdes, hacen yoga y se alinean los chakras con facilidad. Suelen hablar bajito y sin brío, como si temieran despertarse a sí mismas. Están sanas, pero con un tipo de salud que se parece un poco a la muerte.

Nené Ortiz

martes, 26 de marzo de 2013

PERSONAJES DE PLAYA: El topógrafo




 Un señor con su bañador Meyba pasea la playa arriba y abajo entre los dos espigones.
-¡Buenos días! ¿Usted sabría decirme lo que mide la playa?
-Pues sí señora, porque soy topógrafo y me la ando todos los días cuatro veces. Mide aproximadamente 700 mts y digo aproximadamente porque, como usted comprenderá, la distancia varía según esté la marea.
-¡Ah, ya!
-Casi tres kilómetros ando cada día.
-¡Pues menuda salud tendrá usted!
-Pues sí.
-Adiós y que usted lo ande bien.
-Y usted que lo vea.

Nené Ortiz

PERSONAJES DE PLAYA: Las "Belenes"




En la orilla, dos chicas muy cursis se hacen fotos artísticas la una a la otra imitando las poses veraniegas de las revistas. A cuatro patas, y alzando la cara hacia la cámara y el culo a los que pasan por detrás, sonríen al objetivo. Se nota que les gustaría ser famosas al estilo de Belén Esteban. 
-Señoritas: Se están ustedes poniendo en evidencia y resulta difícil creer que sean tan tontas como parecen.
-¡Vete un poco a mamarla!
Lo cierto es que están sobradamente preparadas para el papel al que aspiran.

Nené Ortiz